Puede parecer contradictorio pensar en lavar una alfombra recién instalada. Sin embargo, el mejor momento para comenzar a cuidarla es precisamente cuando es nueva.

Durante el proceso de adecuación y entrega de unas oficinas, la instalación de la alfombra no siempre representa el último paso de la obra. Después de colocarla, es común que continúen trabajando distintos proveedores encargados de mobiliario, pintura, instalaciones eléctricas, carpintería, sistemas, acabados y otros trabajos necesarios para poner el espacio en funcionamiento.

Todo este movimiento genera tránsito constante y puede introducir polvo, partículas finas, residuos de obra y suciedad que terminan depositándose sobre la alfombra y penetrando poco a poco entre sus fibras. Aunque a simple vista ésta todavía conserve una apariencia nueva, parte de esos residuos puede permanecer atrapada en su interior.

Por esta razón, realizar una limpieza profesional antes de entregar u ocupar las oficinas permite retirar la suciedad acumulada durante la última etapa de la obra y comenzar a utilizar la alfombra en las mejores condiciones posibles.

Además de mejorar su apariencia, eliminar oportunamente el polvo y las partículas abrasivas ayuda a evitar que el tránsito cotidiano las introduzca más profundamente en las fibras, donde con el tiempo pueden contribuir al desgaste prematuro de la superficie.

La limpieza inicial también representa el punto de partida ideal para establecer un programa adecuado de mantenimiento. Una alfombra que comienza su vida útil limpia y recibe cuidados periódicos será más fácil de conservar, mantendrá durante más tiempo su apariencia original y permitirá proteger mejor la inversión realizada en el espacio.

Una alfombra nueva también necesita mantenimiento.
La diferencia está en comenzar a cuidarla antes de que la suciedad se vuelva visible.